La Europa de ultrahumanidad, de extrema fraternidad, de nos-otros.  

El domingo pasado, 9 de Mayo, se conmemoró el Día de Europa. En tal fecha de 1951 nació la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, precursora de la actual UE. Pues bien, 70 años después bien valdría preguntarnos por el estado del proyecto europeo, por sus límites, sus desafíos, sus éxitos y sus fracasos.

No son pocos los que hablan de una construcción fallida o de su fragilidad a todos los niveles, puesta en evidencia con crisis como la del Brexit o gestiones tan cuestionadas como las de los refugiados, la de la actual pandemia, etc. Otros prefieren mirar el “vaso medio lleno” y referirse al viejo continente como ejemplo de “unidad en la diversidad” y de profundización en los valores democráticos o de, precisamente, la capacidad de hacer frente a la crisis económica con la inyección de los Fondos para la reconstrucción.

En fin, que como en todo, mucho depende de cómo se mire -o se quiera mirar- la realidad.

En este contexto a nosotros, como Partido Por Un Mundo Más Justo creado para la defensa de los colectivos más vulnerables, el impulso de la ciudadanía global y el fortalecimiento de los lazos de fraternidad a todos los niveles, nos importa de manera particular la calidad de las relaciones internas y externas que se están generando en nuestro continente.

Porque si algo tenemos claro es que, no podremos hablar de éxito del “concepto” Europa si no se profundiza en el de fraternidad, unido indefectiblemente a los de solidaridad y corresponsabilidad.

Por eso, nos preocupa sobremanera todas las manifestaciones -en muy diversos ámbitos-  de la polarización, el rechazo al distinto, la división entre “nosotros” y “los otros”. Porque todo lo que sea avanzar por ese camino es darnos de bruces con una triste realidad: la que nos habla de que solo estamos construyendo sobre arena, o haciendo equilibrios sobre un fino alambre del que tarde o temprano nos caeremos.

Y al revés, en la medida que nuestros ciudadanos, nuestros estados, nuestros gobiernos y nuestras instituciones fortalezcan sus lazos, su sentimiento de hermandad y su autocomprensión como comunidad sujeta de derechos y deberes… estaremos preparados para hacer frente de la mejor de las maneras a cualquier reto que se ponga por delante. Con un valor añadido: el que, si como miembros de la Unión Europa somos capaces de “sabernos” hermanos y hermanas… entonces extender ese sentimiento a nivel mundial estará prácticamente servido.

No estamos lejos de todo esto. Existen infinidad de personas a nivel individual, organizaciones de la sociedad civil, entidades privadas, plataformas estatales.. que abogan por esa visión de Europa. Sin embargo, una parte importante de toda esta estructura parece “hacer aguas”: la de la política partidista. Porque, posiblemente alentada por estrategias ocultas, e intereses particulares, nuestros partidos políticos -de aquí y de allá- se empeñan en poner barreras entre ellos y los demás. La generalización de la terminología que polariza (ultraderecha, extremaizquierda….) es el mejor ejemplo de a lo que nos referimos.

Es cierto que en muchos partidos hay gente “radical”, “extremista” o “ultra”, pero también lo es que una gran mayoría -lo contrario sería aceptar el discurso pesimista del “todo está perdido”- se mueve en el terreno de la búsqueda de soluciones compartidas, de puntos de encuentro, de confianza en la capacidad de diálogo, de amistad social y de vecindad en positivo. Es más, a poco que los miembros  o simpatizantes de una determinada formación política son capaces de alzar la mirada, salir del ombliguismo, y sobreponerse a los discursos tendenciosos del miedo, el odio o el rechazo… lo que anhelan es la generación de un contexto de convivencia en paz, sereno, con espacios para las disensiones y los confrontos… pero siempre dentro de la convicción de que todos estamos en el mismo barco y hay mucho más -muchísimo- que nos une de lo que hay que nos separe.

Por todo ello, como Partido Por Un Mundo Más Justo animamos, imploramos y urgimos a todas las personas de buen corazón de nuestro continente, incluidas las que se sienten vinculadas a determinadas ideologías políticas, a que trabajen sin descanso -y disfrutándolo-  por una sociedad donde podamos decir, si acaso, que somos de “ultrahumanidad”, ocupados en los problemas y sufrimiento de los más débiles,  y de “extremafraternidad”, haciéndolo convencidos de que “los otros”… también somos “nos-otros”.

Y si no se sabe cómo trabajar en esa dirección… que nos pregunten al M+J.
Lo llevamos en nuestro ADN.

Partido Por Un Mundo Más Justo