Posicionamiento de Por Un Mundo Más Justo (M+J): Ante el ataque de Estados Unidos a Venezuela  

Desde Por Un Mundo Más Justo (M+J) expresamos nuestra firme condena y profunda preocupación ante el ataque de Estados Unidos a Venezuela. Este acto constituye una grave violación del derecho internacional y supone una peligrosa escalada de violencia que amenaza la vida de la población civil, la estabilidad regional y el ya debilitado sistema multilateral basado en normas.

Este ataque no es un hecho aislado: es la expresión de una concepción de la seguridad basada en la fuerza, el unilateralismo y la imposición, que M+J rechaza de raíz. La seguridad real y duradera no se construye con bombardeos ni sanciones coercitivas, sino con justicia global, diplomacia activa y cooperación entre los pueblos.

No al intervencionismo militar, sí a la diplomacia y la soberanía de los pueblos

M+J rechaza de manera inequívoca el intervencionismo militar y la injerencia en los asuntos internos de otros países. Ninguna potencia, por poderosa que sea, tiene legitimidad para imponer por la fuerza soluciones a conflictos políticos, económicos o sociales.

El ataque de Estados Unidos a Venezuela confirma el fracaso de las políticas exteriores basadas en la coerción y el castigo colectivo. Frente a ello, defendemos una diplomacia preventiva, multilateral y orientada a la desescalada.

No a las dictaduras ni a las violaciones de los Derechos Humanos

Rechazamos con la misma claridad cualquier forma de autoritarismo, dictadura o violación sistemática de los derechos humanos. En el pasado nos posicionamos contra la toma de posesión de Nicolás Maduro y seguimos apostando decididamente por una Venezuela democrática y respetuosa con la voluntad soberana de su pueblo.

La defensa de la soberanía nacional no puede utilizarse como excusa para la represión interna, ni justificar agresiones militares externas. Los derechos humanos no son instrumentalizables. No aceptamos su uso selectivo en función de intereses geopolíticos.

El uso de la fuerza agrava los conflictos

La experiencia histórica es clara: la intervención militar no resuelve los conflictos, los cronifica. Aumenta el sufrimiento de la población civil, profundiza la pobreza, debilita las instituciones y alimenta la polarización.

El ataque a Venezuela no acerca la paz ni la democracia; por el contrario, refuerza la lógica del enfrentamiento y cierra espacios para soluciones negociadas. Los conflictos deben abordarse exclusivamente por vías políticas, diplomáticas y de mediación, fortaleciendo los mecanismos civiles para su resolución.

Defensa del derecho internacional y del multilateralismo

Denunciamos esta agresión como una vulneración de la Carta de las Naciones Unidas y de los principios básicos que regulan la convivencia entre Estados. La ley del más fuerte no puede sustituir al derecho internacional.

Debemos reforzar el papel de los organismos multilaterales —especialmente la ONU— dotándolos de recursos reales para la mediación, la observación internacional, la protección de la población civil y la garantía de los derechos fundamentales.

Menos militarismo, más inversión en vida

El ataque a Venezuela se produce en un contexto global de rearme acelerado y aumento del gasto militar. Desde M+J defendemos una desmilitarización responsable y una reorientación urgente de los recursos hoy destinados a la guerra hacia la salud, la educación, la vivienda, la transición ecológica justa y la cooperación internacional.

La verdadera seguridad es la seguridad humana: aquella que garantiza derechos, reduce desigualdades, fortalece comunidades y cuida el planeta.

Paz, justicia social y fraternidad democrática

La violencia internacional y la militarización alimentan la polarización interna y erosionan la convivencia democrática. Frente a la lógica del enemigo, M+J apuesta por el diálogo; frente a la confrontación, por la justicia social; frente al miedo, por la fraternidad democrática.

No habrá paz duradera sin sociedades más justas, sin ciudadanía crítica y solidaria, y sin instituciones que pongan la vida —toda vida, en cualquier lugar del mundo— en el centro de la política.

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